Iniciativa

sábado, 5 de mayo de 2012

Un nuevo capítulo comienza...

Una historia termina, pero otra nueva da comienzo.
Estoy muy emocionada con esta nueva aventura en la que me veo inmersa, acompañada de grandes personajes que poco a poco toman forma.
Mi nueva novela tiene título: ESPLENDOR y solo puedo decir que es la novela que me gustaría leer y que espero que, cuando termine,  brille con luz propia.

Quiero compartir con vosotros un extracto:

[...Son las 19:50, el jefe sigue sin aparecer y hoy debía entregarle las llaves. ¿Dónde se habrá metido?

Al fin escucho la puerta de entrada. Guardo el uniforme de repuesto en la taquilla: hoy se quedará justo ahí, porque está impoluto (pese a la matada que me he dado limpiando) y porque, además, espero tener el mío limpio y seco para mañana.

El sonido que produce la puerta de la taquilla al cerrarla, coincide con el de las luces fluorescentes al apagarse.
     —¡Estupendo!, ahora me quedo a oscuras. Menuda mierda—, conozco el camino hasta la puerta incluso a tientas, pues me encuentro en un cuartucho del tamaño de un salón, pero si hay algo a lo que temo es… la oscuridad.

     —¿Señor Souvert?, ¿e…es…es usted? —un estúpido e inevitable tartamudeo aparece, como en ocasiones anteriores.

Escucho un golpe en la pared y otro más en una de las taquillas cercanas, así como una suave respiración, que provoca que se me erice el vello.

      —Esto no tiene gra…gracia—desde luego que en la misión de sonar firme he fracasado.

Alguien se mueve, sé que se trata de una persona, porque lo que llega a mis oídos es el sonido que acompaña a la fricción que producen los vaqueros al caminar; cuando ambas piernas entran en contacto.
Puedo notar el aliento de ese alguien en la nuca y sentir lo que podría ser un dedo cálido rozándome el cuello. Pego un brinco.  Estoy a escasos segundos de echarme a llorar, cuando la luz regresa.

Miro a mi alrededor y no veo a nadie, nada. Sólo la puerta ligeramente entornada y el viejo cartelito que pende del pomo y en el que se lee «cuarto de empleados», balanceándose con suavidad, como un columpio en una de esas escenas características del cine de terror; algo apenas perceptible pero inquietante.

Frente a mí veo algo más: una muchacha desgarbada, temblorosa y con el rostro desencajado, perceptible bajo la gruesa capa de polvo del espejo en el que me reflejo...]

  • Extracto perteneciente a ESPLENDOR, una novela de Lucía Arca 



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