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martes, 30 de junio de 2015

Así que eres escritora #5: ¿Escribes o trabajas?


Trabajar. (Del lat. *tripaliāre, de tripalĭum).

1. intr. Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual.   
2. intr. Tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución, etc.
3. intr. Ejercer determinada profesión u oficio.

Podéis leer todas las acepciones en la página de la RAE.

Las palabras hablan por sí solas. Al escribir, además de dar rienda suelta a mi imaginación y de poner en práctica lo aprendido, me dedico a una actividad intelectual, en ocasiones remunerada (mejor o peor, pero remunerada al fin y al cabo), lo que la convierte en mi profesión. Y aun así, ¿cuántas veces tengo que escuchar eso de «si tú no trabajas»? ¿Cuántas veces me lanzan miradas de ave rapaz y esperan que responda con resolución a la temida pregunta: «Has encontrado un trabajo de verdad»?
Muchas, señores y señoras, ladies and gentlemen, amantes de las historias escritas. No os podéis hacer a la idea de lo que llega a aburrir, incluso a cabrear.
Podría soltar el típico rollo sobre la mentalidad capitalista de quienes juzgan y blablablá, pero la cruda realidad es que el dinero es necesario, hacer algo rentable ayuda a pagar las facturas y, por qué no decirlo, a acumular cosas que no nos podremos llevar para el otro barrio (pero que sí disfrutamos en este, no nos engañemos).
Como dicen en El Club de la lucha«Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos». Pues bueno, al menos quienes escribimos (no por moda, sino porque de verdad sentimos la llamada) podemos decir que amamos profundamente lo que hacemos. Quizás esto no nos ayude a adquirir televisores 8K [por lo visto ya existen. Creo que mi retina no capta más allá del HD; no podría apreciar la diferencia, jaja], sofás más mullidos o casas con un número desorbitado de cuartos de baño [¿cuántos culos tienen los famosos?], pero a lo que iba, somos felices. Sí, muchas veces debemos complementar nuestra vocación con otra actividad que infle la cuenta de ahorros, o al menos que nos sirva para pagar los recibos. En mi caso, y me importa un carajo admitirlo, vivo con mi padre y él me cubre las espaldas, pero cuando me sale algo que me da beneficios, allá que voy currículo en mano y sonrisa en rostro. Además, es completamente compatible; sí, puedo hacer más de una cosa a la vez, ¿increíble, verdad? #IroníaModoON
Algunas personas que me leéis sois también autores y autoras y sé que estaréis agitando la cabeza y esbozando una triste sonrisa al ver esta entrada porque también os habéis encontrado en la misma situación. Otras, como devoradoras de novelas, sabéis el cariño y dedicación que hay tras cada una de ellas. Esto es un hobby, por supuesto, pero también una profesión, algo  que muchos pretendemos convertir en nuestro medio de vida. Que sea difícil es otro cantar, pero no resta calidad a lo que hacemos, no mitiga el esfuerzo vertido en cada obra, las horas dedicadas, las lágrimas derramadas, los sentimientos a flor de piel, esos momentos en los que, con el alma desnuda, vomitamos nuestros anhelos, temores o paranoias varias en hojas en blanco.
Quizá no todos tengamos muchos ceros en nuestras cuentas bancarias ni contratos millonarios. Es muy probable que jamás seamos comparados con J.K.Rowling, Stephen King o Tolkien, ni pasemos a los anales de la historia, pero no por ello nuestros sueños son menos brillantes ni nuestra valía deba ser puesta en duda. Y, desde luego, no por invertir nuestro tiempo en la escritura somos unos vagos, adjetivo omitido por muchos de nuestros detractores, que, aunque no lo dicen en voz alta, nos tildan de perezosos con cada comentario malicioso o respuesta emponzoñada.
Conocido: Así que eres escritora.
Yo: Sí.
Conocido: ¿Estudias o trabajas?
Yo: Escribo, como ya te dije. Ese es mi trabajo ahora mismo.
Conocido: Yo me refiero a un trabajo de verdad, ya sabes...
Yo: Este no es de plástico.
Conocido: Bueno, ya me entiendes...
[Sigo sin entender.]

O el incómodo momento:
Conocido: Me voy a casa.
Yo: Quédate un poco más y tomamos otro café.
Conocido: Claro, como tú no trabajas.
Yo: ¿Cómo? Claro que trabajo. Tengo tres contratos firmados, además de dos novelas autoeditadas en Amazon y varios proyectos en marcha: promociono, reviso, escribo, etc.
[A efectos legales estoy trabajando, y si no que se lo digan a los señores de la Renta.]
Conocido: Bah, eso no es un trabajo, es una afición.
[Whatever, como tú digas.]
Háblale a mi mano...
Soy escritora. Y a mucha honra. 
En ocasiones también teleoperadora o lo que se tercie, pero la pluma (o el teclado) es una sirena cuya melodía no puedo ignorar, ya me lleve derecha a una isla paradisiaca o de cabeza a las rocas.
Hashtag Twitter: #SoyEscritora


sábado, 18 de abril de 2015

Así que eres escritora #4: Te apoyamos (en espíritu)

¡Hola de nuevo!:
Hoy quiero hablar de la blogosfera o, mejor dicho, de cómo algunos miembros de esta (a la que pertenezco desde 2008) tratan a muchos autores.
De un tiempo a esta parte han surgido muchas páginas y efectivas iniciativas que apoyan a los autores con Ñ. Una de las más nuevas es la de #LeoAutoresEspañoles, que hoy lleva a cabo una campaña a lo largo y ancho de España. Os recomiendo seguir el perfil  de Twitter
Este año no me ha sido posible participar finalmente [ooohhhh], pero espero poder unirme al movimiento el próximo año.
Esto me ha hecho pensar en la cantidad de poser que hay en el mundo blogueril, lo que ha propiciado esta entrada:
¿Cuántos son los blogs literarios que se vanaglorian de apoyar la literatura, a los noveles o los libros de hispanohablantes? ¿Cuántas bitácoras lucen orgullosas banners de campañas en favor de la lectura y dicen tener sus puertas (o correos) abiertos a quienes precisen ayuda? Muchísimos. Una gran cantidad se suben al carro de los Wanna be. En cambio, ¿qué porcentaje de ellos responde llegado el momento de la verdad? Yo os lo diré: uno muy pequeño.
So much dramatic, pero mola...
Cuando saqué a la venta Esplendor, conté con la ayuda de amigos y blogueros que se volcaron conmigo, cuando Planeta decidió apostar por Heaven en su sello digital Click el pasado febrero, esos mismos colegas (y alguno que otro nuevo) me tendieron la mano, pero en cuanto quise abrirme camino y envié notas de prensa hechas por mí a otros espacios, grandes y pequeños, conseguí (en la mayoría de los casos) un silencio sepulcral. Un check de Visto en la conversación de Facebook (sin palabra alguna que corroborase que lo hubieran leído) o la ausencia de réplica tras enviar los mails (con lo poquito que cuesta responder, aunque sea para dar una evasiva o negativa). 
Sí, cara con puchero incluido. ¿Por qué, zeñor, por quéee?
Lo más triste es que redacté mi propia nota de prensa en Word, me esforcé en que fuera sencilla y completa para que el receptor solo tuviera que copiar, pegar y subir (si así lo deseaba) y evitar trabajo y esfuerzo a los blogueros al otro lado. Pero ni eso ha dado resultado.
Entiendo que muchos están a tope con los estudios, desbordados por el trabajo, living la vida [loca] o que van a su ritmo (yo misma he tenido que rebajar el mío porque me iba a estallar la cabeza, que conste en acta). También sé que otros están «en proceso de...», por lo que no pretendo con esta entrada otra cosa que reflexionar en voz alta.
Volviendo al tema, quizá haya mandado unas 30 o 40 notas de prensa [además de las que la propia editorial está haciendo llegar, of course]. ¿Cuántos creéis que han respondido...? Pues un porcentaje muy pequeño, personas que para mí son muy grandes y a las que les doy las gracias desde aquí por su cariño, su apoyo y, sobre todo, por la coherencia que demuestran y que les hace ser fieles a los lemas de sus espacios, en los que hablan de lo mucho que les gusta la literatura y dar a conocer talentos emergentes. Chicos y chicas que son lo que aparentan y aparentan lo que son.
No pido que todos me «rindan pleitesía» [En plan sailor senshi con la Neo queen Serenity #MomentoFreak] y cuelguen las fichas de mis novelas a la primera si no encaja con lo que suelen promocionar [¡faltaría más!], pero sí que tengan un poco de empatía y piensen: «¿qué me gustaría que hicieran conmigo si fuese yo el que estuviera al otro lado solicitando ayuda?».

Bloguer@ x: Así que eres escritora.
Yo: Sí, y justo ahora me acaban de publicar mi última novela. Te paso el enlace con los datos. 
[Èmoción Modo ON]
Bloguer@ x:  WOW, Pinta genial. Pásamelo si eso, aunque ahora no puedo reseñarlo porque priorizo con las lecturas en papel...Ya sabes.
[No, no sé]
Yo: Ya, bueno, en realidad tampoco llevo esos temas. Todo lo de envío de ejemplares promocionales lo gestiona la editorial. 
Bloguer@ x:  Ah, ok.
Yo: Pero sería genialoso que subieras la ficha a tu espacio :)
Visto
Visto
Visto
...
Sí, es una dramatización, bueno..., no exactamente. A lo que iba [ejem]: Si sois blogueros literarios, haceos estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué dedico tanto tiempo a algo que no me renta económicamente? ¿Por qué robo horas a otras cosas para sentarme frente al gestor de mi bitácota? Si únicamente respondéis «Por los libros gratis» o «Porque está de moda», quizá sea hora de que os replanteéis vuestras motivaciones...
Y por hoy me despido, a la espera de vuestros comentarios.
Besos alados,

Lu


jueves, 5 de marzo de 2015

Así que eres escritora #3: ¿50 sombras de quién?

¡Hola de nuevo!;
Hoy quiero hablar de otra de las cosas curiosas que me han sucedido al salir a colación el tema de que le doy al teclado. 
Vamos a situarnos: empresa de telemarketing, pero dejamos atrás el zulo de cristal de la entrada anterior y os traslado a una oficina en el entresuelo de un edificio del centro de mi ciudad.

Compañera: Así que eres escritora.
Yo: Sí, bueno, lo intento. ¿Tú lees?
Compañera: No mucho, pero me he leído las Cincuenta sombras, ¡y me ha encantado! 
Le bailan los pechos de pura emoción.
Yo: La verdad es que no la he leído.
Compañera: ¡Jodo, maña, pues lo que te pierdes! Es una historia muy bonita...
Lo más "bonito" es cuando le zurra. Amor en estado puro #ironía
...porque él tiene sus sombras, unos traumas que...uff, tela, pero la quiere...y, jodo, tiene unas escenas que pa´qué.
¿Y  lo que escribes es erótico?

¿ES
ERÓTICO...?

Porque, claro, si cuando Crepúsculo estaba en auge la literatura era sinónimo de historias juveniles con lánguidas protagonistas, ahora con el boom de las Cincuenta sombras todo son esposas, corbatas y pintalabios usados.
A ver, no voy a entrar al trapo de criticar una historia que desconozco, porque lo veo ruín, pero simplemente no me atrae (como tampoco lo hace El Señor de los Anillos, a ver si nos entendemos), aunque ¡ya me gustaría a mí tener su reconocimiento y ventas! (al César lo que es del César, ¿o a Tolkien lo que es de Tolkien?). 
Voy a confesar: vi la adaptación cinematográfica de 50 sombras, lo que ocurre es que me pareció un tanto irrisoria; ni me puso a tono ni me hizo suspirar, solo me robó bastantes risotadas; quizá si leyera el libro entendería mejor la psique de esos protagonistas. Crepúsculo, por el contrario, en su momento me fascinó por completo. Sí, lo digo bien alto, no reniego de mis gustos ni de los libros que me hicieron soñar o suspirar. También temblaba con las Pesadillas de R.L.Stine. Y a mucha honra.

A lo que iba, ¿cómo explicas a personas que carecen de un hábito lector que hay un mundo más allá de su adorado señor Gris? No lo intentes. Agradece que esa autora haya seducido a lectores eventuales para que abran un libro no académico y a estos que amplíen su abanico de ocio. Así de simple. Ellos mismos encontrarán nuevas historias y personajes. El ciclo de la vida del lector.
Un aplauso para todas esas novelas que captan nuevos lectores.

En cualquier caso, tengo algo que decir de mi último libro: Heaven. El hilo rojo del destino.

Compañera: Entonces, ¿hay erotismo?
Yo*: La historia es romántica, pero tengo varias páginas de sexo que pondrán tu imaginación mirando a Cuenca.

*Dramatización.

¿Qué ocurrirá si se digna a leerlo...?

OPCIÓN A:

OPCIÓN B:


Y por hoy me despido, amigachos y amigachas.
Besos alados,

Lu


domingo, 1 de marzo de 2015

Así que eres escritora #2: ¿Y qué haces aquí?

El otro día os hablaba de la cruz del escritor que publica en digital y hoy regreso al ataque con otra anécdota (ligeramente dramatizada).
Lo recuerdo como si fuera ahora. Hace unos años me hicieron contrato de duración determinada en una empresa de telemarketing; vamos, que era teleoperadora. Sí, sí, de esas que llaman para ofreceros cosas que no queréis a horas en las que desearíais que el teléfono simplemente se mantuviese en silencio. Pero, tranquilidad, mis objetivos eran grandes y pequeños empresarios, no me odiéis. El ambiente era buenísimo y el trabajo en sí mismo me encantaba. Los trabajadores, en su mayor parte mujeres, teníamos un zulo acristalado donde tomábamos café y cacareábamos durante un cuarto de hora sobre nuestras cosas. Al poco de empezar, llegó la batería de preguntas de rigor y salió a colación mi amor por las letras y la que entonces era mi primera novela publicada: Los Iniciados (de la bilogía Clanes). Fue decir que era autora e, inmediatamente, todas entrecerraron los ojos para abrirlos, acto seguido, en un gesto de sorpresa. Y el segundo tópico relacionado con los autores, salió a colación:

Compañera: Así que eres autora publicada, ¿y qué haces aquí?
....Qué
haces
aquí
Yo fruncí el ceño, extrañada, y ella volvió a preguntar:

Compañera: Aquí, quiero decir... los escritores ganan mucho dinero.
Qué me estás contando. Esto sí es fantasía y no lo que escribo.
¿Ein? ¿En qué universo paralelo ocurre? Porque me mudo ya.
Y ahora hago un inciso. Creo que desde entonces las cosas han cambiado y la gente es más consciente de la realidad de los escritores. Ni somos Edgar Allan Poe y morimos entre efluvios etílicos, ni vivimos el sueño de J.K.Rowling convirtiéndonos en Bestseller (al menos la mayoría). Escribir es maravilloso, terapeútico y muy divertido, aunque también sacrificado, duro y agridulce en ocasiones, pero es algo que elegimos, una senda que recorremos con ilusión, al tiempo que disfrutamos por el camino de las historias que creamos y de los personajes a los que damos vida. Pero la publicación es otro tema, uno espinoso.

Ya conté hace tiempo mi primera mala experiencia editorial, una desilusión, que, a posteriori, descubriría que es más habitual de lo que pensaba.
Un libro puede llevarnos dos semanas (como me sucedió con Heaven. El hilo rojo del destino), seis meses (como Los Iniciados) e incluso años (como ocurre con novelas para las que es necesario un minucioso trabajo de documentación). Luego llega el arduo proceso de revisión y corrección. A terminar, el escrito se registra en la Propiedad Intelectual y se procede a decidir qué hacer con él:
1. Autoeditar (una opción, cada vez más atrayente):
  • Decido sobre el producto final: portada, formatos y precio.
  • Controlo las ventas: dónde, cómo y cuánto. 
  • Recibo unos royalties (porcentajes sobre las ventas correspondientes a los derechos de autoría) mayores. Del 30% al 70%.
  • Mucha gente cree, erróneamente, que autoedición es sinónimo de descuidado. 
  • Una ingente cantidad de blogs IGNORAN a los autoeditados (y de esto hablaré otro día largo y tendido).
2.Publicar bajo un sello editorial:
  • Este avala tu trabajo al colocar su logotipo en la portada.
  • Tiene un mayor alcance en redes sociales y plataformas para dar a conocer la novela [otra cosa es que lo haga]
  • No debes invertir dinero en la campaña de promoción [si hablamos de editoriales tradicionales].
  • No tenemos ningún control sobre las ventas. 
  • De cada ejemplar vendido, percibimos del 8% al 10% en papel y alrededor de un 20 a un 30% en ediciones digitales.
Sí, esa también fue mi cara al empezar a ser consciente de todo lo arriba mencionado,
A lo que íbamos: muchos piensan que quienes escribimos nadamos en billetes de cien, escondemos vestidos de seda y perlas negras o comemos muslos de unicornio salvaje para cenar, pero la verdad, triste o no, es que eso es más fantasioso que los libros que suelo escribir. Puede ocurrir, por supuesto, pero es tan difícil como que nos toque la lotería. La mejor oportunidad de un autor, y tampoco resulta determinante, es que una productora adquiera los derechos de su obra y la lleve a la pequeña o a la gran pantalla (y después comercialicen, con éxito, productos de merchandising relacionados con la historia).

¿Lo veis? Me he vuelto a perder. Regresemos al rectángulo de cristal donde tomaba café en aquel trabajo temporal donde los teléfonos no dejaban de sonar y los dedos volaban ágiles sobre los teclados.

Compañera: ¿Qué haces aquí? Los escritores ganan mucho dinero.
Yo: Espero que os guste leer, porque he venido a hablar de mi libro... [dramatización].


Y eso es todo por hoy, supongo que seguiré barrenando por estos lares, porque, al igual que dar rienda suelta a mi imaginación en las novelas que escribo, resulta terapeútico.


jueves, 12 de febrero de 2015

Así que eres escritora...

Si me dieran un euro cada vez que tengo esta conversación (aplicable a otras de mis novelas), tendría para varios ‪‎ebooks‬.

—Así que eres escritora [‪#‎InterésModoON‬] 
—Sí.
—¿Te publicaron algo? [‪#‎CuriosidadModoON‬] 
—Sí. Hace un par de días saqué novela nueva: Heaven. El hilo rojo del destino
—¡Vaya! ¿Con quién? [Curiosidad+1] 
—Click, un sello digital de Planeta. 
—¡Qué bueno! ¡Enhorabuena! [‪#‎Emoción‬] 
—¡Gracias! 
—¿Y de qué va? [Interés+1] 
—Es una historia de amor. Tiene acción, romance, magia y algo de erotismo.
—Ay, mira, como las Cincuenta sombras de Grey. [‪#‎PiensaEnGris‬] 
—Bueno,no exactamente. Tiene erotismo, NO es erótico. 
—Ah... ¿sale en papel? [‪#‎Confusión‬ / Curiosidad+1] 
—No, solo en digital; es una novela corta perfecta para leer de camino al trabajo o a la uni. 
—Oh, vaya... [‪#‎InterésModoOFF‬] 

En serio, porque una novela salga en formato digital no pierde párrafos, palabras ni caracteres; no es despojada de personajes, trama ni emoción, y, desde luego, NO debe ser minusvalorada. Que una novela esté en digital significa:
1. Que se guarda en un dispositivo portátil, por lo que puedes llevarla a cualquier sitio. 2. Que no ocupa espacio, por lo que puede acompañar a otras historias en el dispositivo que utilices. Por lo que ‪#‎YoTambiénLeoEnDigital‬. 

*Por suerte, esto es solo UNA MINORÍA. 
Estamos en el siglo XXI. El papel es fantabuloso, pero lo digital no lo es menos, solo es un formato diferente.