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domingo, 26 de enero de 2020

Somos un cliché andante

En más de una ocasión he dicho que no me gusta abusar del término «cliché» al referirme a una historia, ya pertenezca al terreno literario o al audiovisual, pese a lo sonora que es la palabra, porque me encanta pronunciarla.

¿Por qué tengo reparos entonces en utilizarla?
Porque todo está inventado.

Seguramente esto dañe muchos egos y enfade a más de una persona, pero es así.
Puede que esa novela que tienes entre manos, la serie que ves bajo demanda o la última película que te ha emocionado te parezca lo más, o, por contra, te genere antipatía, pero la realidad es que lo que impera en cualquier historia, con independencia de su formato, coincide:
SENTIMIENTOS.
Y estos son universales: amor, odio, tristeza, alegría, culpa, envidia, decepción, etc.

Aunque puedan variar las formas en la que los protagonistas reaccionen a ciertos eventos, ya sea por su carácter o porque esté presente alguna patología psiquiátrica, al final los sentimientos son los motores de las historias, ya sean las que nos hacen llorar o las que nos arrancan carcajadas; escritas o habladas. No importa, los personajes pasarán por diversas situaciones, que siempre serán semejante a las de historias antes leídas o vistas, pero siempre reaccionarán a los sucesos de una u otra forma.

Ya se trate de humanos, elfos o alienígenas, en cualquier caso los dotamos de sentimientos, o hablamos de ellos aunque les despojemos de la capacidad de sentir de la forma habitual (en el caso de protagonistas con psicopatías y otras alteraciones de índole mental). Pero al final tenemos:
Una historia de amor.
Una historia de pérdida.
Una historia de amistad.
Una historia de venganza.
Una historia de triunfo.

¿A que puedes nombrar muchas que encajan en una o varias categorías?
Te voy a poner de ejemplo mis novelas: en Heaven. El hilo rojo del destino y en Oh My Gothess encontrarás amor, pérdida, venganza, triunfo, etc.

¿Lo ves?, por eso no podemos decir que algo es un cliché o un tópico de forma negativa con ligereza. Al fin y al cabo, ¿qué no lo es?
Ni las personas somos copos de nieve únicos y especiales, ni las novelas que escribimos, o series y películas que rodamos, tienen una identidad propia 100%. Aun sin quererlo, tanto esos productos como quienes les damos vida somos como creaciones del Doctor Frankenstein; tenemos un trozo de aquí y un pedazo de allá, algo que aprendimos en un lado y detalles que, sin querer, se nos quedaron grabados de otro lugar.

Aprendamos a valorar los clichés, no temamos usarlos ni arruguemos la nariz al encontrarnos con uno o varios. Abracemos estos, juguemos con ellos como con piezas de un puzle, aprendamos a utilizarlos con inteligencia.

Yo, por ejemplo, a menudo los veo como cebos en las historias que escribo.
Pero cuidado al morder en anzuelo, porque los giros que les suceden os pueden dejar sin aliento.
Ahí radica la magia.

¿Cuál es tu cliché favorito?
A mí me gusta el de la chica o el chico de pasado oscuro que posee una personalidad misteriosa o intimidante, pero cambia al encontrar a la persona adecuada.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El escritor y Hacienda

Quien dijo que ser autor era un camino de rosas..., mentía. Bueno, ¿acaso alguien lo dijo? Creo que no.
Porque, amigos, ser escritor no resulta sencillo. Y no, no me refiero al hecho de crear una historia y darle vida, sino a lo que viene a continuación: revisar el contenido, registrar la obra, buscar editoriales o agente, enviar y la siempre ardua espera que le sigue.
Pero ¿es eso lo que más nos debería preocupar? No. Lo que muchas veces no se tiene en cuenta es lo más básico: 
¿Debemos responder ante alguna institución? 
La respuesta es sí. Ante Hacienda (y puede que ante la Seguridad Social, pero de eso ya hablaremos).
Lo más básico, lo que debemos hacer para no encontrarnos con problemas el día de mañana de cara a Hacienda es darnos de alta en el IAE (Impuestos de Actividades Económicas).
En mi caso, como mis ganancias a nivel literario provienen únicamente de lo que percibo por los derechos de autor previamente acordados mediante la firma de un contrato editorial, estoy exenta de IVA.

Exento de IVA. ¿Qué significa eso?
Que si publicamos por cuenta ajena (con editor y contrato) y no somos bestseller que ingresamos miles de euros anuales, no debemos temer.

¿Qué hacer?
Solicitar el modelo 037, conocido como declaración censal simplificada. 
[PDF del modelo 037]
Lo sé, asustan el número de hojas y la terminología empleada en ellas, pero tranquilos, los amables trabajadores de Hacienda estarán encantados de ayudarnos (y no, no va con ironía, he tenido la suerte de encontrar varios funcionarios que me han aconsejado en cada momento y no han puesto objeciones a la hora de mis mil y una dudas. Por triplicado).

¿CÓMO SE RELLENA?

1. CAUSAS DE LA PRESENTACIÓN:
  • Marcar: Alta en el censo de empresarios, profesionales y retenedores.
2. IDENTIFICACIÓN:
Datos personales:
  • Nombre y apellidos.
  • DNI.
  • Domicilio.
  • Teléfonos.
  • Correo electrónico.
3. IMPUESTO SOBRE LA RENTA DE LAS PERSONAS FÍSICAS:
  • Marcar: 609. Estimación directa simplificada.
4. IMPUESTO SOBRE EL VALOR AÑADIDO:
  • ¿Realiza exclusivamente operaciones no sujetas o exentas que no obligan a presentar autoliquidación periódica?: Marcar Sí.
5. RETENCIONES E INGRESOS A CUENTA:
En mi caso, lo hemos dejado en blanco, previa indicación del funcionario.

6. DECLARACIÓN DE ACTIVIDADES ECONÓMICAS:
A. ACTIVIDAD:
  • Descripción de actividad: Escritor.
  • Epígrafe de actividad: 861.
  • Código de actividad: A05.
B. LUGAR DE REALIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD:
  • La actividad se desarrolla fuera de un local determinado.
  • Causa de la presentación: Alta.
  • Fecha: la del día en que procedas al alta.
LUGAR, FECHA Y FIRMA:
Creo que esto no necesita explicación.

¿Qué no vale?
Publicar bajo términos de autoedición, lo que incluye plataformas como Amazon, que, pese a lo que muchos pensábamos, de cara a Hacienda y la Seguridad Social es solo un intermediario. Somos nosotros, los autores que colgamos nuestras novelas en las mentadas plataformas, los que, según sus palabras, «ejercemos de editores, lo que conlleva otro epígrafe» y, aunque suene algo loco, el alta en autónomos.
Y repito, de nuevo hay mucha discrepancia en este tema. Donde uno dice blanco, otro dice negro. Pero lo que comparto en esta entrada es lo que he sacado en claro de la fuente: Hacienda.
Muchos dirán que no pasa nada, que puede ser. Otros asegurarán que en absoluto es necesario, eso ya he aprendido que no es así. ¿Podemos publicar por cuenta propia sin que eso nos perjudique a nivel legal? Sí. ¿Debemos hacerlo sin rendir cuentas? No. Y ahora viene lo mejor, ¿por qué no? Porque al igual que puede que no suceda nada, también cabe la posibilidad de que surja una inspección (¿remota?, nadie dice lo contrario, pero no imposible). Y, eso es seguro, si no está todo en regla..., la cosa no acabará bien. Quizá no culmine como una tragedia griega, pero puede aumentar las pulsaciones.

¿Y ahora qué?
Cuando llegue el momento de hacer la declaración anual de la RENTA:
  • Deberemos presentar las facturas emitidas a lo largo de ese periodo (en las facturas tendremos que aplicar la correspondiente retención de IRPF. Además, todas ellas deben ser correlativas).
  • Tendremos la posibilidad de desgravar al presentar facturas de las compras de productos que tengan que ver con nuestra actividad: ordenadores de sobremesa, portátiles, utensilios de oficina tales como tinta de impresora, etc., así como las de todos aquellos gastos derivados de, por ejemplo, un desplazamiento para algo relacionado con nuestra actividad: transporte, alojamiento y comida para un evento literario. Es importante solicitar las facturas correspondientes para poder presentarlas al hacer la declaración.
Y termino con algo que, quizá, contradiga en parte todo lo anterior. Antes de hacer nada, contactad con un gestor, pedid cita en Hacienda y en la Seguridad Social; informaos en función de vuestro caso. La fiscalidad del autor es algo que no está del todo asentado, hay muchas lagunas y leeréis multitud de versiones, porque así funciona a día de hoy.

Con esto solo espero compartir mi experiencia. Espero que os sirva de ayuda.

ENLACES DE INTERÉS:
Os animo a visitar otras entradas de interés como las del autor Javier Pellicer.
Web de Hacienda.
Web de la Seguridad Social.

lunes, 21 de marzo de 2016

A flor de piel. Ser el personaje.

Hablando el otro día con una amiga y lectora, le dije por qué no soy autora de mapa: 
«Mucha gente escribe de otro modo, esquematiza al límite, tiene cada acontecimiento previamente marcado. Para mí es inconcebible controlar a personajes que crecen capítulo a capítulo, definen su personalidad palabra a palabra y descubren quiénes son párrafo a párrafo

"Oh, yeah! Esta escena es la caña" #LikeaBoss

«Duele, duele demasiado, ¿por qué, musas, POR QUÉ?» #ItHurtsTooMuch

«Really? ¿Era necesario? Mal, musas, mal, ¿por qué debía morir [censurado]?» #FeelAngry
Esto es así, no puedo cortar sus alas, condicionarlos. Y cuando escribo SOY el personaje, no puedo narrar de forma aséptica, no soy capaz de permanecer al margen, de no involucrarme. 
Amo   Odio   Temo   Lloro   Río
Vuelvo a amar    Odio de nuevo
Ya no temo, pero lloro y río. 
#Comounacabra
«No, no, no. ¡Que le j*d*n!» #HaterMode
Es por eso que a veces se me anegan los ojos cuando ellos lloran, esbozo una sonrisa cuando están contentos o me tenso cuando el miedo les embarga. Escribir, al menos para aquellos que piensan como yo, es llevar los sentimientos al extremo; duro, pero reconfortante a la postre.
«No voy a llorar, no voy a llorar, no, NO. Mierda, ¿otra vez?» #SadMode
Con Oh My Gothess, por ejemplo, he tenido una resaca literaria que todavía arrastro, no es para menos, lo que he atravesado al escribirla ha sido toda una tormenta emocional:

he reído como una loca, he llorado a mares, he suspirado de amor, me he sonrojado (lo confieso), también me he indignado, he sentido la ira en mi interior y apretado los puños tan fuerte que las uñas se han marcado en las palmas de mis manos.

Porque cuando escribes sin muros y permites que las emociones se desborden, estas te envuelven y los dedos vuelan sobre el teclado hasta hallar su destino: el punto final.

¿Y tú, te dejas llevar?


jueves, 19 de noviembre de 2015

Síndrome de Diógenes literario

Hoy quiero hablar de un fenómeno al que he denominado Síndrome de Diógenes literario.
¿Cuántas veces hemos jurado que no acumularíamos libros y finalmente hemos terminando aumentando la pila de pendientes como si nos preparásemos para un apocalipsis literario e hiciésemos acopio de lecturas igual que un personaje de The walking dead lo haría de provisiones? Muchos admitiréis que os ha pasado, otros diréis un «no» rotundo (aunque unos cuantos mentís. Troleros, casi puedo ver esas portadas asomar desde aquí).
Pues si en papel es un fenómeno común, ni os hablo de los libros digitales. 
Os pongo en situación: estamos en nuestro dispositivo electrónico echando un vistazo cuando vemos el Kindle flash del día, el listado al 50% de descuento o el equivalente de otra plataforma (a ver si vais a pensar que tengo acuerdos con Amazon. Solo soy fan y, eso sí, tuve alguna cosilla autoeditada ahí). Bueno, a lo que iba, cuántas veces hemos visto esos números con ceros seguidos de decimales tentándonos al lado de las portadas y hemos pensado: «Uy qué barato, a descargar...que ya lo leeré». 

QUE YA LO LEERÉ. Las palabras falsas mágicas.

Y la yema del dedo ha presionado el botón de Compra sin que tan siquiera nuestro cerebro diese la orden, como por defecto. Y repetimos la operación... «Uhm, es la novela número 152 de una saga sobre babosas de agua alienígenas mutantes devoradoras de heces. No tengo las anteriores, pero ¡está a 0,99€! Me la bajo y ya...» ¿Ya qué? ¿Ya compraré las 151 anteriores? Nooo. ¿De repente me sentiré atraída por historias sobre babosas de agua alienígenas mutantes devoradoras de heces? Ummm, nooo. ¿Entonces? Simple y llanamente...
Somos YONKIS DE LAS LETRAS.
A ver, tampoco nos equivoquemos, un alto porcentaje de nuestras descargas es de novelas que realmente suscitan nuestro interés y que, tarde o temprano, leeremos, pero ese grupo de libros que ni siquiera encajan con nuestros gustos (sí, sí, como el de las babosas de agua alienígenas mutantes devoradoras de heces) y bajamos como si no hubiera un mañana es también una realidad.
Comprar en estas plataformas resulta tan fácil, seguro y terapéutico. Ese momento en el que ves tu nueva adquisición con la cinta de novedad bordeando la esquina de la portada, ese contador de páginas leídas a 0 que parece ansioso por ponerse en marcha, ese... ¡Vale ya, no puedo seguir así! ¿Lo veis? Es una adicción, una compulsión, una... maravilla de la tecnología que nos permite bajar y bajar y bajar y... ¿Lo veis? Ya estoy de nuevo. No tengo remedio. ¿La buena noticia? Encontráis las tres B:
Bueno.
Bonito.
Barato.
Sí, porque en digital también hay historias maravillosas, con detalles curiosos en la edición y a precios capaces de provocar orgasmos neuronales. No digo más. Bueno, sí, ¿habéis visto las ofertas de hoy?

martes, 13 de octubre de 2015

Escritores: ¿De mapa o de brújula?

Personita: ¿Y tú qué clase de escritor eres?
Yo: Uhm...de los que escribe, no sé. Jajaja.
Vale, soy muy un poco tonti LOL a veces.
Personita: Ya, pero ¿en qué grupo te englobarías?
Yo: Uhm... *risas*
Me siento como si fuera el preludio de una batalla y tuviera que elegir bando...
Se habla siempre de dos tipos de escritores, una división que responde a los hábitos de escritura:
1. Escritores de mapa: aquellos que antes de ponerse a escribir organizan un esquema con los capítulos, fichas de personajes, línea temporal de acontecimientos, etc.
2. Escritores de brújula: quienes se dejan llevar por la inspiración y solo esta les guía.

Yo siempre digo que pertenezco a un tercer grupo:
3. Escritores de cayado: los que cabalgamos a lomos de las musas parte del camino y tenemos que explorar el terreno la otra mitad. Los que vamos por impulsos, pero entre estos apuntamos cuanto nos pueda ser de utilidad, y los que, además, una vez recorrido el sendero de la inspiración, ya comenzamos a conocer atajos, aunque alguna vez estos los pasemos de largo y acabemos frente al temido monstruo del folio en blanco.
Soy de los que empatizan con los personajes, me pongo en su lugar, aunque su postura difiera de la mía. Vivo sus alegrías y sus penas. Río, lloro, me enamoro y siento mi corazón hacerse añicos.
No concibo la escritura como algo frío, aséptico; necesito empaparme de los sentimientos de los personajes, de la atmósfera que los rodea; vivir su historia, sentirla como propia. Es por ello que a veces termino con resaca emocional, eso es lo que me ha ocurrido con mi última novela: Oh My Gothess. He ahondado tanto en los personajes, en sus historias personales, que ha dejado una marca indeleble en mí. Tengo ganas de que por fin la leáis completa.
Como Nessa (protagonista de Oh My Gothess) dice:


«La escritura es el oxígeno de nuestras almas. Si no escribiéramos, los resquicios de cordura que conservamos perecerían ahogados en nuestros propios delirios.»

¿Sois de mapa, de brújula o, como yo, de cayado y mochila?


martes, 28 de julio de 2015

Orcografía: el uso de Romántico y Romanticismo

Romántico, ca.(Del fr. romantique).
1. adj. Perteneciente o relativo al Romanticismo o que participa de sus peculiaridades en cualquiera de sus manifestaciones culturales o sociales. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de un escritor: Que da a sus obras el carácter del Romanticismo. U. t. c. s.
3. adj. Partidario del romanticismo. U. t. c. s.
4. adj. Sentimental, generoso y soñador.  
Romanticismo. 1. m. Escuela literaria de la primera mitad del siglo XIX, extremadamente individualista y que prescindía de las reglas o preceptos tenidos por clásicos.
2. m. Época de la cultura occidental en que prevaleció tal escuela literaria. ¶ ORTOGR. Escr. con may. inicial.
3. m. Cualidad de romántico, sentimental.

La RAE ha hablado. Se ha debatido en más de una ocasión el uso del adjetivo calificativo «romántico» como categorización literaria, siendo utilizado para referirnos a una historia de amor. Pues bien, muchos han sido los que han dicho que no está bien empleado. Sin embargo, entre las acepciones del diccionario de la RAE encontramos «sentimental, generoso y soñador», lo que arroja luz sobre el tema y deja claro que podemos emplearlo como etiqueta con total tranquilidad.
Mis novelas suelen tener un componente romántico importante, ya que derrochan sentimentalismo.
Como veis, he dicho escrito «etiqueta» y no «género», pero de eso ya hablaremos otro día...


martes, 30 de junio de 2015

Así que eres escritora #5: ¿Escribes o trabajas?


Trabajar. (Del lat. *tripaliāre, de tripalĭum).

1. intr. Ocuparse en cualquier actividad física o intelectual.   
2. intr. Tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución, etc.
3. intr. Ejercer determinada profesión u oficio.

Podéis leer todas las acepciones en la página de la RAE.

Las palabras hablan por sí solas. Al escribir, además de dar rienda suelta a mi imaginación y de poner en práctica lo aprendido, me dedico a una actividad intelectual, en ocasiones remunerada (mejor o peor, pero remunerada al fin y al cabo), lo que la convierte en mi profesión. Y aun así, ¿cuántas veces tengo que escuchar eso de «si tú no trabajas»? ¿Cuántas veces me lanzan miradas de ave rapaz y esperan que responda con resolución a la temida pregunta: «Has encontrado un trabajo de verdad»?
Muchas, señores y señoras, ladies and gentlemen, amantes de las historias escritas. No os podéis hacer a la idea de lo que llega a aburrir, incluso a cabrear.
Podría soltar el típico rollo sobre la mentalidad capitalista de quienes juzgan y blablablá, pero la cruda realidad es que el dinero es necesario, hacer algo rentable ayuda a pagar las facturas y, por qué no decirlo, a acumular cosas que no nos podremos llevar para el otro barrio (pero que sí disfrutamos en este, no nos engañemos).
Como dicen en El Club de la lucha«Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos». Pues bueno, al menos quienes escribimos (no por moda, sino porque de verdad sentimos la llamada) podemos decir que amamos profundamente lo que hacemos. Quizás esto no nos ayude a adquirir televisores 8K [por lo visto ya existen. Creo que mi retina no capta más allá del HD; no podría apreciar la diferencia, jaja], sofás más mullidos o casas con un número desorbitado de cuartos de baño [¿cuántos culos tienen los famosos?], pero a lo que iba, somos felices. Sí, muchas veces debemos complementar nuestra vocación con otra actividad que infle la cuenta de ahorros, o al menos que nos sirva para pagar los recibos. En mi caso, y me importa un carajo admitirlo, vivo con mi padre y él me cubre las espaldas, pero cuando me sale algo que me da beneficios, allá que voy currículo en mano y sonrisa en rostro. Además, es completamente compatible; sí, puedo hacer más de una cosa a la vez, ¿increíble, verdad? #IroníaModoON
Algunas personas que me leéis sois también autores y autoras y sé que estaréis agitando la cabeza y esbozando una triste sonrisa al ver esta entrada porque también os habéis encontrado en la misma situación. Otras, como devoradoras de novelas, sabéis el cariño y dedicación que hay tras cada una de ellas. Esto es un hobby, por supuesto, pero también una profesión, algo  que muchos pretendemos convertir en nuestro medio de vida. Que sea difícil es otro cantar, pero no resta calidad a lo que hacemos, no mitiga el esfuerzo vertido en cada obra, las horas dedicadas, las lágrimas derramadas, los sentimientos a flor de piel, esos momentos en los que, con el alma desnuda, vomitamos nuestros anhelos, temores o paranoias varias en hojas en blanco.
Quizá no todos tengamos muchos ceros en nuestras cuentas bancarias ni contratos millonarios. Es muy probable que jamás seamos comparados con J.K.Rowling, Stephen King o Tolkien, ni pasemos a los anales de la historia, pero no por ello nuestros sueños son menos brillantes ni nuestra valía deba ser puesta en duda. Y, desde luego, no por invertir nuestro tiempo en la escritura somos unos vagos, adjetivo omitido por muchos de nuestros detractores, que, aunque no lo dicen en voz alta, nos tildan de perezosos con cada comentario malicioso o respuesta emponzoñada.
Conocido: Así que eres escritora.
Yo: Sí.
Conocido: ¿Estudias o trabajas?
Yo: Escribo, como ya te dije. Ese es mi trabajo ahora mismo.
Conocido: Yo me refiero a un trabajo de verdad, ya sabes...
Yo: Este no es de plástico.
Conocido: Bueno, ya me entiendes...
[Sigo sin entender.]

O el incómodo momento:
Conocido: Me voy a casa.
Yo: Quédate un poco más y tomamos otro café.
Conocido: Claro, como tú no trabajas.
Yo: ¿Cómo? Claro que trabajo. Tengo tres contratos firmados, además de dos novelas autoeditadas en Amazon y varios proyectos en marcha: promociono, reviso, escribo, etc.
[A efectos legales estoy trabajando, y si no que se lo digan a los señores de la Renta.]
Conocido: Bah, eso no es un trabajo, es una afición.
[Whatever, como tú digas.]
Háblale a mi mano...
Soy escritora. Y a mucha honra. 
En ocasiones también teleoperadora o lo que se tercie, pero la pluma (o el teclado) es una sirena cuya melodía no puedo ignorar, ya me lleve derecha a una isla paradisiaca o de cabeza a las rocas.
Hashtag Twitter: #SoyEscritora


sábado, 18 de abril de 2015

Así que eres escritora #4: Te apoyamos (en espíritu)

¡Hola de nuevo!:
Hoy quiero hablar de la blogosfera o, mejor dicho, de cómo algunos miembros de esta (a la que pertenezco desde 2008) tratan a muchos autores.
De un tiempo a esta parte han surgido muchas páginas y efectivas iniciativas que apoyan a los autores con Ñ. Una de las más nuevas es la de #LeoAutoresEspañoles, que hoy lleva a cabo una campaña a lo largo y ancho de España. Os recomiendo seguir el perfil  de Twitter
Este año no me ha sido posible participar finalmente [ooohhhh], pero espero poder unirme al movimiento el próximo año.
Esto me ha hecho pensar en la cantidad de poser que hay en el mundo blogueril, lo que ha propiciado esta entrada:
¿Cuántos son los blogs literarios que se vanaglorian de apoyar la literatura, a los noveles o los libros de hispanohablantes? ¿Cuántas bitácoras lucen orgullosas banners de campañas en favor de la lectura y dicen tener sus puertas (o correos) abiertos a quienes precisen ayuda? Muchísimos. Una gran cantidad se suben al carro de los Wanna be. En cambio, ¿qué porcentaje de ellos responde llegado el momento de la verdad? Yo os lo diré: uno muy pequeño.
So much dramatic, pero mola...
Cuando saqué a la venta Esplendor, conté con la ayuda de amigos y blogueros que se volcaron conmigo, cuando Planeta decidió apostar por Heaven en su sello digital Click el pasado febrero, esos mismos colegas (y alguno que otro nuevo) me tendieron la mano, pero en cuanto quise abrirme camino y envié notas de prensa hechas por mí a otros espacios, grandes y pequeños, conseguí (en la mayoría de los casos) un silencio sepulcral. Un check de Visto en la conversación de Facebook (sin palabra alguna que corroborase que lo hubieran leído) o la ausencia de réplica tras enviar los mails (con lo poquito que cuesta responder, aunque sea para dar una evasiva o negativa). 
Sí, cara con puchero incluido. ¿Por qué, zeñor, por quéee?
Lo más triste es que redacté mi propia nota de prensa en Word, me esforcé en que fuera sencilla y completa para que el receptor solo tuviera que copiar, pegar y subir (si así lo deseaba) y evitar trabajo y esfuerzo a los blogueros al otro lado. Pero ni eso ha dado resultado.
Entiendo que muchos están a tope con los estudios, desbordados por el trabajo, living la vida [loca] o que van a su ritmo (yo misma he tenido que rebajar el mío porque me iba a estallar la cabeza, que conste en acta). También sé que otros están «en proceso de...», por lo que no pretendo con esta entrada otra cosa que reflexionar en voz alta.
Volviendo al tema, quizá haya mandado unas 30 o 40 notas de prensa [además de las que la propia editorial está haciendo llegar, of course]. ¿Cuántos creéis que han respondido...? Pues un porcentaje muy pequeño, personas que para mí son muy grandes y a las que les doy las gracias desde aquí por su cariño, su apoyo y, sobre todo, por la coherencia que demuestran y que les hace ser fieles a los lemas de sus espacios, en los que hablan de lo mucho que les gusta la literatura y dar a conocer talentos emergentes. Chicos y chicas que son lo que aparentan y aparentan lo que son.
No pido que todos me «rindan pleitesía» [En plan sailor senshi con la Neo queen Serenity #MomentoFreak] y cuelguen las fichas de mis novelas a la primera si no encaja con lo que suelen promocionar [¡faltaría más!], pero sí que tengan un poco de empatía y piensen: «¿qué me gustaría que hicieran conmigo si fuese yo el que estuviera al otro lado solicitando ayuda?».

Bloguer@ x: Así que eres escritora.
Yo: Sí, y justo ahora me acaban de publicar mi última novela. Te paso el enlace con los datos. 
[Èmoción Modo ON]
Bloguer@ x:  WOW, Pinta genial. Pásamelo si eso, aunque ahora no puedo reseñarlo porque priorizo con las lecturas en papel...Ya sabes.
[No, no sé]
Yo: Ya, bueno, en realidad tampoco llevo esos temas. Todo lo de envío de ejemplares promocionales lo gestiona la editorial. 
Bloguer@ x:  Ah, ok.
Yo: Pero sería genialoso que subieras la ficha a tu espacio :)
Visto
Visto
Visto
...
Sí, es una dramatización, bueno..., no exactamente. A lo que iba [ejem]: Si sois blogueros literarios, haceos estas preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué dedico tanto tiempo a algo que no me renta económicamente? ¿Por qué robo horas a otras cosas para sentarme frente al gestor de mi bitácota? Si únicamente respondéis «Por los libros gratis» o «Porque está de moda», quizá sea hora de que os replanteéis vuestras motivaciones...
Y por hoy me despido, a la espera de vuestros comentarios.
Besos alados,

Lu


jueves, 5 de marzo de 2015

Así que eres escritora #3: ¿50 sombras de quién?

¡Hola de nuevo!;
Hoy quiero hablar de otra de las cosas curiosas que me han sucedido al salir a colación el tema de que le doy al teclado. 
Vamos a situarnos: empresa de telemarketing, pero dejamos atrás el zulo de cristal de la entrada anterior y os traslado a una oficina en el entresuelo de un edificio del centro de mi ciudad.

Compañera: Así que eres escritora.
Yo: Sí, bueno, lo intento. ¿Tú lees?
Compañera: No mucho, pero me he leído las Cincuenta sombras, ¡y me ha encantado! 
Le bailan los pechos de pura emoción.
Yo: La verdad es que no la he leído.
Compañera: ¡Jodo, maña, pues lo que te pierdes! Es una historia muy bonita...
Lo más "bonito" es cuando le zurra. Amor en estado puro #ironía
...porque él tiene sus sombras, unos traumas que...uff, tela, pero la quiere...y, jodo, tiene unas escenas que pa´qué.
¿Y  lo que escribes es erótico?

¿ES
ERÓTICO...?

Porque, claro, si cuando Crepúsculo estaba en auge la literatura era sinónimo de historias juveniles con lánguidas protagonistas, ahora con el boom de las Cincuenta sombras todo son esposas, corbatas y pintalabios usados.
A ver, no voy a entrar al trapo de criticar una historia que desconozco, porque lo veo ruín, pero simplemente no me atrae (como tampoco lo hace El Señor de los Anillos, a ver si nos entendemos), aunque ¡ya me gustaría a mí tener su reconocimiento y ventas! (al César lo que es del César, ¿o a Tolkien lo que es de Tolkien?). 
Voy a confesar: vi la adaptación cinematográfica de 50 sombras, lo que ocurre es que me pareció un tanto irrisoria; ni me puso a tono ni me hizo suspirar, solo me robó bastantes risotadas; quizá si leyera el libro entendería mejor la psique de esos protagonistas. Crepúsculo, por el contrario, en su momento me fascinó por completo. Sí, lo digo bien alto, no reniego de mis gustos ni de los libros que me hicieron soñar o suspirar. También temblaba con las Pesadillas de R.L.Stine. Y a mucha honra.

A lo que iba, ¿cómo explicas a personas que carecen de un hábito lector que hay un mundo más allá de su adorado señor Gris? No lo intentes. Agradece que esa autora haya seducido a lectores eventuales para que abran un libro no académico y a estos que amplíen su abanico de ocio. Así de simple. Ellos mismos encontrarán nuevas historias y personajes. El ciclo de la vida del lector.
Un aplauso para todas esas novelas que captan nuevos lectores.

En cualquier caso, tengo algo que decir de mi último libro: Heaven. El hilo rojo del destino.

Compañera: Entonces, ¿hay erotismo?
Yo*: La historia es romántica, pero tengo varias páginas de sexo que pondrán tu imaginación mirando a Cuenca.

*Dramatización.

¿Qué ocurrirá si se digna a leerlo...?

OPCIÓN A:

OPCIÓN B:


Y por hoy me despido, amigachos y amigachas.
Besos alados,

Lu


domingo, 1 de marzo de 2015

Así que eres escritora #2: ¿Y qué haces aquí?

El otro día os hablaba de la cruz del escritor que publica en digital y hoy regreso al ataque con otra anécdota (ligeramente dramatizada).
Lo recuerdo como si fuera ahora. Hace unos años me hicieron contrato de duración determinada en una empresa de telemarketing; vamos, que era teleoperadora. Sí, sí, de esas que llaman para ofreceros cosas que no queréis a horas en las que desearíais que el teléfono simplemente se mantuviese en silencio. Pero, tranquilidad, mis objetivos eran grandes y pequeños empresarios, no me odiéis. El ambiente era buenísimo y el trabajo en sí mismo me encantaba. Los trabajadores, en su mayor parte mujeres, teníamos un zulo acristalado donde tomábamos café y cacareábamos durante un cuarto de hora sobre nuestras cosas. Al poco de empezar, llegó la batería de preguntas de rigor y salió a colación mi amor por las letras y la que entonces era mi primera novela publicada: Los Iniciados (de la bilogía Clanes). Fue decir que era autora e, inmediatamente, todas entrecerraron los ojos para abrirlos, acto seguido, en un gesto de sorpresa. Y el segundo tópico relacionado con los autores, salió a colación:

Compañera: Así que eres autora publicada, ¿y qué haces aquí?
....Qué
haces
aquí
Yo fruncí el ceño, extrañada, y ella volvió a preguntar:

Compañera: Aquí, quiero decir... los escritores ganan mucho dinero.
Qué me estás contando. Esto sí es fantasía y no lo que escribo.
¿Ein? ¿En qué universo paralelo ocurre? Porque me mudo ya.
Y ahora hago un inciso. Creo que desde entonces las cosas han cambiado y la gente es más consciente de la realidad de los escritores. Ni somos Edgar Allan Poe y morimos entre efluvios etílicos, ni vivimos el sueño de J.K.Rowling convirtiéndonos en Bestseller (al menos la mayoría). Escribir es maravilloso, terapeútico y muy divertido, aunque también sacrificado, duro y agridulce en ocasiones, pero es algo que elegimos, una senda que recorremos con ilusión, al tiempo que disfrutamos por el camino de las historias que creamos y de los personajes a los que damos vida. Pero la publicación es otro tema, uno espinoso.

Ya conté hace tiempo mi primera mala experiencia editorial, una desilusión, que, a posteriori, descubriría que es más habitual de lo que pensaba.
Un libro puede llevarnos dos semanas (como me sucedió con Heaven. El hilo rojo del destino), seis meses (como Los Iniciados) e incluso años (como ocurre con novelas para las que es necesario un minucioso trabajo de documentación). Luego llega el arduo proceso de revisión y corrección. A terminar, el escrito se registra en la Propiedad Intelectual y se procede a decidir qué hacer con él:
1. Autoeditar (una opción, cada vez más atrayente):
  • Decido sobre el producto final: portada, formatos y precio.
  • Controlo las ventas: dónde, cómo y cuánto. 
  • Recibo unos royalties (porcentajes sobre las ventas correspondientes a los derechos de autoría) mayores. Del 30% al 70%.
  • Mucha gente cree, erróneamente, que autoedición es sinónimo de descuidado. 
  • Una ingente cantidad de blogs IGNORAN a los autoeditados (y de esto hablaré otro día largo y tendido).
2.Publicar bajo un sello editorial:
  • Este avala tu trabajo al colocar su logotipo en la portada.
  • Tiene un mayor alcance en redes sociales y plataformas para dar a conocer la novela [otra cosa es que lo haga]
  • No debes invertir dinero en la campaña de promoción [si hablamos de editoriales tradicionales].
  • No tenemos ningún control sobre las ventas. 
  • De cada ejemplar vendido, percibimos del 8% al 10% en papel y alrededor de un 20 a un 30% en ediciones digitales.
Sí, esa también fue mi cara al empezar a ser consciente de todo lo arriba mencionado,
A lo que íbamos: muchos piensan que quienes escribimos nadamos en billetes de cien, escondemos vestidos de seda y perlas negras o comemos muslos de unicornio salvaje para cenar, pero la verdad, triste o no, es que eso es más fantasioso que los libros que suelo escribir. Puede ocurrir, por supuesto, pero es tan difícil como que nos toque la lotería. La mejor oportunidad de un autor, y tampoco resulta determinante, es que una productora adquiera los derechos de su obra y la lleve a la pequeña o a la gran pantalla (y después comercialicen, con éxito, productos de merchandising relacionados con la historia).

¿Lo veis? Me he vuelto a perder. Regresemos al rectángulo de cristal donde tomaba café en aquel trabajo temporal donde los teléfonos no dejaban de sonar y los dedos volaban ágiles sobre los teclados.

Compañera: ¿Qué haces aquí? Los escritores ganan mucho dinero.
Yo: Espero que os guste leer, porque he venido a hablar de mi libro... [dramatización].


Y eso es todo por hoy, supongo que seguiré barrenando por estos lares, porque, al igual que dar rienda suelta a mi imaginación en las novelas que escribo, resulta terapeútico.