miércoles, 3 de septiembre de 2014

Editorial vs Autoedición

Existe mucho debate alrededor de esta cuestión:


¿QUÉ ES MEJOR,  EDITORIAL O AUTOEDICIÓN?


Pues bien, esta es mi opinión: tanto la edición tradicional como la autoedición tienen cosas positivas y negativas. El contar con un sello editorial puede abrirte las puertas de los estantes de muchos lectores, puesto que la gran mayoría (y esto es así) ven todavía el logotipo impreso en la parte inferior del papel como un AVAL. Además, si la empresa en cuestión tiene medios económicos, incluso puedes contar con una potente campaña de marketing, pero eso se reserva para una minoría. Por otro lado, la autopublicación tiene la gran ventaja del CONTROL DE LAS VENTAS por parte del autor, algo impensable de otra forma; se sabe cuántos, cuándo y dónde se venden los ejemplares, recibiendo los correspondientes royalties (el porcentaje económico)  y reduciendo los intermediarios. Además, desde el nacimiento de plataformas como Amazon todo se ha vuelto más accesible, aunque eso no siempre es bueno... 

En definitiva, no creo que deba imponerse una de esas dos modalidades, sino que considero ambas como opciones a valorar dependiendo de la novela, el momento y el lugar. Por ejemplo, dada la tendencia actual de las editoriales a apostar masivamente por un tema en concreto (ya sea distopía, erótica o retellings, las últimas modas punteras), en algunos casos muchas obras de gran potencial quedan descartadas, fuera, solo porque no versan sobre lo que se considera  el boom de la temporada. ¿Qué hacer entonces?
  1. Releer la novela nuevamente y probar en otros sellos orientados al género en cuestión.
  2. Guardarla en el cajón y esperar otro momento más propicio para enviar la propuesta.
  3. Revisar el texto, ponerle un lindo envoltorio, respirar hondo y lanzarte a la autopublicación.
Lo importante es no cejar en el empeño de ver tus sueños realizados, eso sí, NO A CUALQUIER PRECIO.

La regla de oro en ambos casos es DAR SIEMPRE UN PASO HACIA ADELANTE. No dejar de aprender y mejorar. No permitir que un brote ocasional de ego te ciegue, pero, sobre todo, ser conscientes de que SIEMPRE se puede ir un paso más allá.