domingo, 1 de marzo de 2015

Así que eres escritora #2: ¿Y qué haces aquí?

El otro día os hablaba de la cruz del escritor que publica en digital y hoy regreso al ataque con otra anécdota (ligeramente dramatizada).

Lo recuerdo como si fuera ahora. Hace unos años me hicieron contrato de duración determinada en una empresa de telemarketing; vamos, que era teleoperadora. Sí, sí, de esas que llaman para ofreceros cosas que no queréis a horas en las que desearíais que el teléfono simplemente se mantuviese en silencio. Pero, tranquilos, mis objetivos eran grandes y pequeños empresarios, no me odiéis. El ambiente era buenísimo y el trabajo en sí mismo me encantaba. Los trabajadores, en su mayor parte mujeres, teníamos un zulo acristalado donde tomábamos café y cacareábamos durante un cuarto de hora sobre nuestras cosas. Al poco de empezar, llegó la batería de preguntas de rigor y salió a colación mi amor por las letras y la que entonces era mi primera novela publicada: Los Iniciados (de la bilogía Clanes). Fue decir que era autora e, inmediatamente, todas entrecerraron los ojos para abrirlos, acto seguido, en un gesto de sorpresa. Y el segundo tópico relacionado con los autores, salió a colación:

Compañera: Así que eres autora publicada, ¿y qué haces aquí?
....Qué
haces
aquí
Yo fruncí el ceño, extrañada, y ella volvió a preguntar:

Compañera: Aquí, quiero decir...los escritores ganan mucho dinero.
Qué me estás contando. Esto sí es fantasía y no lo que escribo.
¿Ein? ¿En qué universo paralelo ocurre? Porque me mudo ya.
Y ahora hago un inciso. Creo que desde entonces las cosas han cambiado y la gente es más consciente de la realidad de los escritores. Ni somos Edgar Allan Poe y morimos entre efluvios etílicos ni vivimos el sueño de J.K.Rowling convirtiéndonos en Bestseller (al menos, la mayoría). Escribir es maravilloso, terapeútico y muy divertido, aunque también sacrificado, duro y agridulce en ocasiones, pero es algo que elegimos, una senda que el autor recorre encantado, disfrutando por el camino de las historias que crea y de los personajes a los que da vida. Pero la publicación....es otro tema, uno espinoso.

Ya conté hace tiempo mi primera mala experiencia editorial, una desilusión que, a posteriori, descubriría que es más habitual de lo que pensaba.
Un libro puede llevarnos dos semanas (como me sucedió con Heaven. El hilo rojo del destino), seis meses (como Los Iniciados) e incluso años (como sucede con novelas para las que son necesarias un minucioso trabajo de documentación). Luego llega el arduo proceso de revisión y corrección. A continuación, el escrito se registra en la Propiedad Intelectual y se procede a decidir qué hacer con él:
1. Autoeditar (una opción, cada vez más atrayente):
  • Decido sobre el producto final: portada, formatos y precio.
  • Controlo las ventas: dónde, cómo y cuánto. 
  • Recibo unos royalties (porcentajes sobre las ventas) mayores. Del 30% al 70%.
  • Mucha gente cree, erróneamente, que autoedición es sinónimo de descuidado. 
  • Una ingente cantidad de blogs IGNORAN  a los autoeditados (y de esto hablaré otro día largo y tendido).
2.Publicar bajo un sello editorial:
  • Este avala tu trabajo poniendo su logotipo en la portada.
  • Tiene un mayor alcance en redes sociales y plataformas para dar a conocer la novela [otra cosa es que lo haga]
  • No debes invertir dinero en la campaña de promoción [refiriéndome a editoriales tradicionales].
  • No tenemos ningún control sobre las ventas. 
  • De cada ejemplar vendido, percibimos del 8% al 10% en papel y alrededor de un 50% en ediciones digitales.
Sí, esa también fue mi cara al empezar a ser consciente de todo lo arriba mencionado,
A lo que íbamos, y retomando el tema, muchos piensan que quienes escribimos nadamos en billetes de cien, escondemos vestidos de seda y perlas negras o comemos muslos de unicornio salvaje para cenar, pero la verdad (triste o no) es que eso es más fantasioso que los libros que suelo escribir. Puede ocurrir, por supuesto, pero es tan difícil como que nos toque la lotería. La mejor oportunidad de un autor (y tampoco resulta determinante) es que una productora adquiera los derechos de su obra y la lleve a la pequeña o a la gran pantalla (o que comercialicen, con éxito, productos de merchandising relacionados con la historia).

¿Lo veis? Me he vuelto a perder. Regresemos al rectángulo de cristal donde tomaba café en aquel trabajo temporal donde los teléfonos no dejaban de sonar y los dedos volaban ágiles sobre los teclados.

Compañera: ¿Qué haces aquí? Los escritores ganan mucho dinero.
Yo: Espero que os guste leer, porque he venido a hablar de mi libro... [dramatización].


Y eso es todo por hoy, supongo que seguiré barrenando por estos lares porque, al igual que dar rienda suelta a mi imaginación en las novelas que escribo, resulta terapeútico.